A mi cajón desastre.
Porque en todo armario existe un lugar donde esconder aquello que no tiene sitio; esa caja, esa esquina, ese cajón tímido que guarda todos los objetos revolucionarios que amenazan con acabar con el orden del armario. Son pequeños rincones ensombrecidos que destierran todo lo que por pereza, por miedo o por váyase a saber qué extraña actitud del alma, jamás se encuentra lugar para ellos.
No conozco a nadie que no haya escondido una carta de amor en el cajón de los calcetines o un paquete de cigarrillos entre los libros del colegio; creo que todos necesitamos ese pequeño lugar donde ocultar lo que rompe con el preciso esquema de nuestra rutina, ese patrón aburridoy predecible que en el fondo nos hace tan felices.
Yo quiero escribir al cajón desastre que guarda muchos de mis pensamientos, a cada uno de sus pequeños baúles de cerradura blindada cuya llave fingí tirar al mar pero que en el fondo de mi ser mantengo guardada. A ese miedo a perder los recuerdos que de vez en cuando me empuja a sacudirle el polvo a la llave, abrir esa cajita blindada y darme el capricho, durante sólo unos segundos, de recordar aquello que juré ocultar para siempre. Esos pequeños segundos de placer sumergida en el fantasma de un beso a escondidas, una mañana de pellas o una aventura que jamás contaré. Como quien relee la carta de amor que dormía entre los calcetines o rebusca entre los libros de texto el paquete de cigarrillos, solamente para asegurarse de que sigue estando ahí, que el tiempo y el secreto no han podido borrarlo de su guarida secreta.
Quizá sea el momento de que esa nube de circunstancias que hacen de la vida algo maravillosamente incontrolable salga a la luz, de que se abra ese cajón desastre del alma y despierten todos los sentimientos que en su momento escaparon de nuestro control.
Así que aquí está, por fin abierto, mi cajón desastre.
No conozco a nadie que no haya escondido una carta de amor en el cajón de los calcetines o un paquete de cigarrillos entre los libros del colegio; creo que todos necesitamos ese pequeño lugar donde ocultar lo que rompe con el preciso esquema de nuestra rutina, ese patrón aburridoy predecible que en el fondo nos hace tan felices.
Yo quiero escribir al cajón desastre que guarda muchos de mis pensamientos, a cada uno de sus pequeños baúles de cerradura blindada cuya llave fingí tirar al mar pero que en el fondo de mi ser mantengo guardada. A ese miedo a perder los recuerdos que de vez en cuando me empuja a sacudirle el polvo a la llave, abrir esa cajita blindada y darme el capricho, durante sólo unos segundos, de recordar aquello que juré ocultar para siempre. Esos pequeños segundos de placer sumergida en el fantasma de un beso a escondidas, una mañana de pellas o una aventura que jamás contaré. Como quien relee la carta de amor que dormía entre los calcetines o rebusca entre los libros de texto el paquete de cigarrillos, solamente para asegurarse de que sigue estando ahí, que el tiempo y el secreto no han podido borrarlo de su guarida secreta.
Quizá sea el momento de que esa nube de circunstancias que hacen de la vida algo maravillosamente incontrolable salga a la luz, de que se abra ese cajón desastre del alma y despierten todos los sentimientos que en su momento escaparon de nuestro control.
Así que aquí está, por fin abierto, mi cajón desastre.










1 comentarios:
Buena presentación Sandrita, solo que no creo que todo el mundo haya escondido tabaco jejeje. Yo creo también que todo el mundo tira de baules de recuerdos, de objetos polvorientos que fueron parte de su ayer...aunque sea simplemente por saber que se ha vivido. Bienvenida a tu aventura.
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